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Es general que aquellos que fuman se hagan esta pregunta ¿si dejo de fumar, engordaré?. Vale aclarar que no todos engordan y en general sólo se sube unos pocos kilos; pudiéndose recuperar el peso inicial al cabo de unos meses. Al principio, no es necesario hacer una dieta estricta. El ejercicio es una buena opción para afrontar el síndrome de abstinencia y evitar tener unos kilos demás. Es importante evitar comer alimentos altos en calorías, siendo los más recomendables las verduras y las hortalizas.
Los riesgos para la salud que produce el tabaco son mucho más altos que el supuesto riesgo de un pequeño aumento de peso transitorio por haber dejado de fumar. Como es opinión generalizada que el dejar de fumar hace engordar, vale aclarar por qué ocurre y tomar medidas para evitarlo, ya que se está frente a las dos principales epidemias sanitarias de la actualidad: el tabaco y la obesidad.
El tabaco tiene un alto poder adictivo debido a que activa diversos centros cerebrales del placer. Estos centros se acostumbran a ser estimulados por la nicotina, de forma que si se deja de recibir este estimulante la sensación de placer se transforma en ansiedad y angustia; y es esta ansiedad lo que lleva a comer más.
Por lo tanto, se debe intentar dejar el tabaco de forma de no engordar o de hacerlo lo menos posible. Para ello, es bueno seguir ciertas normas. Primeramente, hay que intentar que la primera vez que se deje de fumar sea la definitiva, ya que con cada fracaso se acumulará unos cuantos kilos, que normalmente no se pierden cuando se vuelve a fumar. Para asegurar el cambio en el primer intento, conviene mentalizarse de forma adecuada acerca de la importancia de dejar de fumar (puede ser interesante anotar en un papel las ventajas de dejarlo), y elegir el momento adecuado, como por ejemplo cuando se esté libre de tensiones u otras circunstancias que impulsen más de lo normal a fumar.
Los días anteriores al elegido para dejar este mal hábito se puede ir preparando el terreno, esto es ir reduciendo la dosis de tabaco y no fumar de forma automática, sino pensando antes de cada cigarrillo si realmente es necesario. Muy importante es también identificar qué momentos del día están vinculados a fumar e intentar desvincularlos, sustituyendo el cigarro por otra cosa, por supuesto que no engorde.
En definitiva, ante la ansiedad por no poder fumar se produce un efecto sustitutivo y se cambia el tabaco por la comida. Cuando se nota la falta del tabaco, se tiene que intentar cambiar la comida por otra actividad que distraiga, como: hablar con alguien, hacer ejercicio físico, cambiar de actividad, tomar un vaso de agua, respirar hondo un par de minutos. O sea, intentar apartar la mente del deseo de fumar, pero sin comer.
Durante las primeras semanas, se debe beber mucho (agua y zumos), no tomar alcohol ni otras bebidas excitantes como café o té, realizar comidas ligeras y frecuentes, y comer muchas frutas y verduras. Es difícil, pero hay que recordar la importancia del intento, y que las ganas de fumar no durarán por siempre: después de cuatro a seis semanas irán disminuyendo.
Graves problemas actuales
La obesidad se ha vuelto un problema de salud tanto en los países desarrollados como en los subdesarrollados. Por ejemplo, se estima que en México, el 70% de la población tiene algún problema de sobrepeso; y en los EE.UU. el 60% de las mujeres a partir de los 30 años tendrá sobrepeso. Lo malo es que empieza a ser un padecimiento en los niños. La obesidad, después del SIDA, causa más muertes e importantes gastos a las instituciones de salud en el mundo.
Es genéticamente trasmitida, pero es la dieta, obviamente, uno de los factores de riesgo más importantes, ya que en la actualidad la vida se ha hecho mas cómoda, por lo que se ha notado un aumento de peso en la población gracias a la comida rápida. También el sedentarismo es una causa importante. Y por supuesto, el tabaquismo; se ha descrito que éste ayuda en sus primeras fases a retener lípidos y triglicéridos (grasas) en el cuerpo.
La obesidad es, por lo tanto, un problema de salud publica. Tiene muchas complicaciones y es una de las causas por las cuales muchas mujeres y hombres tienen depresión.
También el tabaquismo es un problema de salud a nivel mundial, ya que esta dependencia continúa extendiéndose cada día. Se ha relacionado al tabaco con diversos cánceres, aunque también aumenta la presión arterial. Asimismo, incrementa los triglicéridos (grasas) en sangre y promueve la ateroesclerosis (grasa que se atasca en las arterias del cuerpo). Promueve la enfermedad gastro esofágica (úlceras, gastritis y reflujo de la comida hacia el esófago).
Dos males que acechan hoy a la humanidad, y que están tan insertos en ella como la pobreza. Por eso es importante saber de qué se tratan y conocer los problemas que acarrean. Acabar con ellos será imposible, pero cuidarse a uno mismo no.
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